16 de octubre de 2008

MIEDO DE CINE



Anoche padecí de insomnio y me dio por pensar en películas de terror. Me empeciné en rebuscar entre mi universo cinematográfico cuáles han sido los tres filmes de miedo que más me han impactado. La decisión no fue sencilla, estas decisiones nunca lo son, pero, tras darle muchas vueltas al asunto, escogí estos tres:

El péndulo de la muerte, de Roger Corman.

Creo que no cabe mayor horror que el de ser enterrado en vida ni mayor zozobra que la de oír un grito de ultratumba o cómo unos dedos arañan el interior de un ataúd. Recuerdo que la vi, siendo muy niño, en el UHF, como parte de un ciclo dedicado a Corman, el que fueron proyectadas también, entre otras muchas, La máscara de la muerte roja, El cuervo y El hombre con rayos X en los ojos.

Cromosoma 3, de David Cronemberg.

Tiernos infantes deformes. Basura genética ejecutora de un odio transmitido de forma telepática. Brrrrr. La vi en un cine de doble sesión que ya no existe, El Artagan, en Bilbao, y todavía me reviene a veces algún escalofrío.

¿Quién puede mata a un niño?, de Narciso Ibáñez Serrador, según el relato de Juan José Plans.

Más niños. Y niñas. Y más creciditos. Niños que, armados con cuchillos y hoces, caminan en patrullas las callejuelas entre fachadas recién encaladas, bajo la luz cítrica del sol, con la única intención de encontrar una nueva víctima. Juegos infantiles que finalizan con la muerte e, inexorablemente, vuelven a comenzar. Nunca antes los días luminosos me causaron tanto pavor. Aún hoy, cuando visito algún pueblo a la hora silenciosa de la siesta y me topo con algún niño jugando a la puerta de su casa, aprieto el paso o cambio de dirección.
¿Y las vuestras?

15 de octubre de 2008

Madrid censura el cartel de 'Diario de una ninfómana' por escandaloso



Escandaloso es dejar la gestión de los hospitales públicos en manos de las constructoras, intentar privatizar el agua a toda costa y escoger un tinte de pelo tan horrible.


14 de octubre de 2008

LA CORDILLERA EN LLAMAS

No hace mucho, durante la presentación del libro de relatos de Ignacio Padilla El Androide y las quimeras, el autor mexicano dedicó unos minutos de su charla a filosofar sobre La cordillera, la monumental novela que Juan Rulfo dijo estar escribiendo durante más de veinte años y que finalmente nunca vio la luz y, si vio alguna, fue en su mayor parte el resplandor del fuego; de manera que, visto el asunto con una pizca de humor, Juan Rulfo no sólo dejó El Llano en llamas, sino también La Cordillera.

Hablaba Padilla, casi entre amigos, de la posibilidad de que Rulfo jamás hubiera escrito una sola línea de la novela mencionada (un proyecto minucioso que se iba a desarrollar en Jalisco durante la rebelión de los cristeros (1925-1928)), y bromeaba incluso sobre la posibilidad improbable de que el celebérrimo escritor hubiera cobrado incluso un anticipo por la obra, con el consiguiente y lógico disgusto de sus editores.

El caso es que a día de hoy nadie, salvo que Rulfo vuelva a la vida, puede desvelar a ciencia cierta el misterio casi legendario que envuelve como una bruma a La cordillera. ¿Fue quizá una huída hacia delante? La única salida que encontró Rulfo para evitarse las explicaciones exhaustivas sobre el término de su legado. ¿Tuvo la oportunidad alguien de leer todo lo que Rulfo escribió de La Cordillera? ¿Hay o puede haber literatura donde no la hay?

Yo, como casi siempre, y esto empieza a ser una constante, no tengo respuestas. Les dejo pues con este artículo del escritor cubano César Leante, donde aparecen éste y otros asuntos póstumos. Espero que sea de su agrado. O no.

Juan Rulfo
(1918-1986)

El silencio de Juan Rulfo
Por CÉSAR LEANTE

GRACIAS A SU viuda, Clara Aparicio, la bibliografía de Juan Rulfo se ha incrementado con dos nuevos títulos. Aire de las colinas acaba de aparecer aquí en España, y son las cartas que el gran escritor mexicano le escribiera cuando la está enamorando. Los cuadernos de Juan Rulfo se publicó en México hace dos años, y recogen sus apuntes literarios. Unas 180 páginas componen el libro, y en él figuran cuentos que no llegó a publicar, esbozos de sus novelas Pedro Páramo y La cordillera (inconclusa o apenas dibujada). Al igual que ahora con las cartas, le fue arduo entonces a la señora Aparicio decidirse a dar a la imprenta aquellas notas de su marido, y de ahí que exclamase en la breve introducción rulfiana que inicia la obra: “Al parecer, es algo terrible lo que estoy haciendo”. Creía que Rulfo no lo hubiese aprobado, pues en vida él jamás pensó en hacerlo, esto es, dar publicidad a lo apuntado en sus cuadernos. Pero se justificaba o consolaba la esposa—albacea haciéndose esta reflexión: “Lo he pensado. Pero algo ocurre dentro de mí cada vez que repaso las páginas de estos cuadernos; cada palabra, cada frase, cargadas de vivencias y sentimientos, me hacen reflexionar sobre la necesidad de compartir estos relatos tan llenos de él y que, sin duda, contienen nuevas pistas para la lectura de Pedro Páramo y El llano en llamas”.
Esta última consideración, que las notas son como claves para una nueva lectura de las dos obras (maestras) de Rulfo, es de importancia capital. ¿Por qué rechazó Rulfo su publicación si, como afirmó el crítico español Pedro Sorela, “todas [las páginas] mantienen la altísima calidad de los dos únicos libros publicados por el autor en vida”? La respuesta está en la entraña dramática de estas anotaciones, ya que, otra vez en palabras de Sorela, “la muerte es quizás el tema más constante de estos pasajes desechados”. Muerte que figura en el cuento llamado Cleotilde, donde un hombre mata a trancazos a su mujer porque no puede seguir soportando sus infidelidades; muerte que está en el episodio titulado Mi padre, que es una versión del inicio de la novela Pedro Páramo. Allí se lee: “Mi padre murió un amanecer oscuro, sin esplendor ninguno, entre tinieblas. Lo amortajaron como si hubiera sido cualquier hombre y lo enterraron bajo la tierra como se hace con todos los hombres”. También muestran los Cuadernos el método de trabajo de Rulfo, y así nos enteramos de que la creación iba siempre con él, en ella estaba inmerso constantemente. “De pronto”, dice, “a media calle, se me ocurría una idea y la anotaba en papelitos verdes y azules. Al llegar a casa después de mi trabajo (...) pasaba mis apuntes al cuaderno”.
Como se sabe, entre su muerte, ocurrida el 7 de enero de 1986, y la publicación de su segundo y último libro, Pedro Páramo, median 31 años. Más de tres décadas sin que Juan Rulfo diera nada a la imprenta, ya no una novela, sino ni siquiera un cuento. Y, como vemos ahora por sus Cuadernos, tenía escrito algún que otro relato más, como Cleotilde, como Guerrillas. Durante su estancia en España en 1983, cuando le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias, el escritor español Ramón Hernández —que fue una suerte de inquisidor suyo— le preguntó concretamente por qué no escribía más. Rulfo acudió a las coartadas a las que había venido apelando desde años atrás para sortear el espinoso asunto: que necesitaba tiempo, del que carecía, pues todo el suyo se lo llevaba el Instituto Nacional Indigenista, donde trabajaba un promedio de diez horas diarias. Otras veces mencionaba la “necesidad económica”, porque en México “es imposible vivir de la literatura”. Como él mismo se daba cuenta de que eran explicaciones poco convincentes, aventuraba otras más íntimas: “Escribir me produce una angustia tremenda. El papel en blanco es una cosa terrible...”. O intentaba negar que no escribía del todo: “He trabajado en algunas historias cortas, no en ninguna novela, sino en cuentos que ya tengo terminados”.
Lo enfatizado por mí se da de boca con lo que acerca de su creación literaria se conoce, ya que es público que, desde la década de los sesenta, Rulfo estaba trabajando en una novela llamada La cordillera. Precisamente, el 16 de abril de 1963, el diario Excelsior, de México, le hizo una entrevista que tituló “La cordillera, nuevo libro de Juan Rulfo”. No se supo más de esta novela, sino el nombre. Pero en 1977 el patriarca de las letras ecuatorianas, don Benjamín Carrión, me contó lo siguiente: estando en México se había lesionado una pierna, por lo que debía andar en silla de ruedas. Juan Rulfo lo visitaba a menudo y lo llevaba al parque, donde se sentaban “a callarnos”. Don Benjamín era muy locuaz, muy comunicativo, por lo que la mudez debía provenir de Rulfo, de sus ensimismamientos o de su carácter introvertido. Pero en cierta fractura de aquellos “a callarnos” le confesó a Carrión que no había seguido escribiendo La cordillera porque “había mucha sangre en ella”. Lo poco que se ha filtrado de esta novela trunca —algunos pasajes de la cual aparecen en los Cuadernos— es que se desarrolla en Jalisco durante la rebelión de los “cristeros” (1925-1928). Juan Rulfo es precisamente de Jalisco y su padre fue uno de los “discípulos de Cristo” que se alzaron contra el presidente Plutarco Elías Calles cuando éste confiscó las propiedades eclesiásticas y prohibió a los curas participar en la política. El padre de Rulfo murió en la contienda.
Un cuento de él, La noche que lo dejaron solo, aborda este sangriento episodio. El protagonista, un joven devoto, se dirige a las montañas para unirse a los rebeldes en compañía de dos tíos suyos. Pero éstos son sorprendidos por los federales y ahorcados. Sólo el joven, por haberse quedado dormido, se salva. Anímicamente, Feliciano muy bien podría haber sido Rulfo, y el trauma que le ocasiona esta guerra civil absurda, fratricida, quizás explique la resistencia de Rulfo a continuar escribiendo una novela en la que muchos aspectos trágicos de las revoluciones de México tendrían que estar recogidos inevitablemente: la “mucha sangre” que le mencionó a Benjamín Carrión.
La tragedia es una constante en la obra de Rulfo; está presente casi en los veinte cuentos que componen El llano en llamas y en Pedro Páramo. Como si quisiera hacer patente esta característica de su narrativa, él mismo ha indicado que su novela es “un diálogo de muertos”: “La narración la empieza a contar un muerto a otro muerto... El pueblo también está muerto”. Ni siquiera la ecuanimidad, casi impasibilidad, del narrar rulfiano consigue amainar el impacto terrible de sus relatos. Tal vez, en contrario, este “distanciamiento” lo acentúa. Un repaso somero a las historias de Rulfo evidenciaría su insistencia en “personajes cuya existencia es un drama de desesperación sin fin”, como ha observado el crítico Donald K.Gordon. Macario es un desquiciado que aplasta cucarachas y se acusa de haber ahorcado a alguien; al narrador de Talpa lo acosa el remordimiento del asesinato que cometió en la persona de Tanilo; en Acuérdate, Urbano ha tenido relaciones sexuales con su prima y ha matado a su cuñado Nachito; La cuesta de las comadres parte de esta confesión que le oyó Rulfo a un padre, dicha con orgullo: “Todos mis hijos son asesinos”; Don Justo Brambila posee a su sobrina en En la madrugada, y en Pedro Páramo, Susana Sanjuán le suplica al cura que la case con su hermano. Incluso en el paisaje está la tragedia: la aldea de Luvina en Nos han dado la tierra está descrita como “aquel lugar donde sólo se oía el viento” y Comala es un pueblo fantasmal. Lo terrible de todo esto es que brota de observaciones personales de Rulfo, tanto en lo que respecta a los ambientes como a los personajes de sus historias. Refiriéndose a las aldeas de su región, ha confesado que “los sucesos más horribles ocurren en esos lugares”. Añadiendo este dato autobiográfico: “Me crié en San Gabriel y allí las gentes me contaron muchas historias: de espantos, de guerras, de crímenes”.
Es una hipótesis, pero tal vez por encima de la armoniosa estructura de sus narraciones, de la poesía de su lenguaje, en el cual el habla popular, esa “antigua voz de adobe, de maíz y de petate”, adquiere jerarquía estética, de su sugestiva utilización del tiempo, de su maestría en la pintura del paisaje, en suma, de su soberbia belleza artística, El llano en llamas y Pedro Páramo fueron ejercicios suficientes en los que Rulfo probó su capacidad para evocar la crueldad y el dolor, y no quiso repetirlo.

9 de octubre de 2008

BUNBURY Y SARRIONANDIA

No soy yo nada proclive a buscar respuestas, así que me limito a hacerme preguntas:

¿Qué necesidad tenía Bunbury de tomar prestados versos de Sarrionandia y Casariego sin citar la procedencia?
¿Es una estrategia de márquetin para tener presencia mediática?
¿Se trata de una simple negligencia o un puro desliz? ¿Si es así, por qué no reconoce el, por otra parte genial músico, la inspiración y pide disculpas a los autores o al entorno de éstos?

Puedes leer la noticia en El País.

Puedes comprobar aquí que no es la primera vez que el poeta Joseba Sarrionandia inspira a los músicos.

Joseba Sarrionandia , además de filólogo, poeta y miembro de ETA fugado de la prisión de Martutene dentro de un bafle el día de San Fermín (y, por tanto, en paradero desconocido desde 1985), es el autor de una conocida sentencia sobre la importancia del cuento: Los niños piden a sus padres que les cuenten cuentos, jamás novelas. Lo poco que se sabe sobre él puedes conocerlo aquí.

7 de octubre de 2008

GREGUERÍAS O ASÍ

Los fascistas no tienen culo, tienen fasciculo.

Si los cerdos volaran habría más tocino de cielo.

La economía no se mueve por ciclos, se mueve por ciclones.

Era una mujer de mundo: trabajaba en un ultramarinos.

Los carabineros son los policías del mar.

Dios es el jefe de los controladores aéreos.

Cuando yo era niño la silicona se usaba para sellar ventanas; ahora, se usa para abrir puertas.

EL ALPINISTA

El alpinista miró una vez más la fotografía, se despidió de sus compañeros y dejó atrás el campamento en plena tormenta. Un viento helado silbaba y los copos caían tan deprisa que le impedían vislumbrar la cima, aunque le parecía hermoso. Subía penosamente, apartando a manotazos la nieve que intentaba colarse en su pasamontañas, la misma que al caer ayudaba a sepultar sus huellas. Subía y notaba que los dedos, la nariz y las orejas no eran suyas, que le abandonaban, que una parte de él se iba durmiendo, que estaba soñándose. Pero no dejaba de subir. Sentía que le faltaba el aire y que una prensa le apretaba el pecho. Pero continuaba subiendo. Giró a la izquierda, entre dos peñascos, y, al fin, logró ver la cima. Estaba más cerca de lo que pensaba, tan cerca que casi podía tocarla con las yemas de sus dedos dormidos. Estaba tan cerca que ya estaba allí, en medio de las nubes. Estaba tan cerca que ya casi no estaba cuando sacó de un bolsillo la fotografía y se puso a mirarla. Cuando, muchos años después, le encontraron entre las nubes aún la seguía mirando.

3 de octubre de 2008

PROFETA EN MI TIERRA

Como bilbaíno escritor, por este orden, me ha hecho mucha ilusión que me saquen en el suplemento cultural Pérgola del periódico Bilbao. Se trata de un periódico municipal que el Ayuntamiento envía gratis (somos de Bilbao pues) a todos sus ciudadanos, de manera que es muy posible que me llame mi abuela emocionada, se forme un ligero tumulto en la panadería donde compra mi madre o alguno de mis maestros constate que, cumpliendo sus predicciones, no he llegado muy lejos y encima me estoy quedando calvo.

Enlace a la entrevista.


P.S.: La foto que acompaña a la entrevista fue tomada en el Puerto Deportivo de Getxo, en cuyas terrazas uno puede tomarse a mediodía un buen txakolí con un pintxo de "verdad". Los barcos que se ven al fondo no son de mi propiedad.



2 de octubre de 2008

HAY DÍAS QUE MERECE LA PENA SER ESCRITOR

Y hoy es uno de ellos. Lean el comentario que me ha dejado María en el post anterior:

"Hola Juan Carlos. Estoy leyendo Norteamérica profunda. Me dejó el libro mi profesora de Lengua (www.eldesvandeloslibros.net) porque nos leyó uno de tus cuentos en clase y me gustó mucho. Bueno, nos gustó mucho a todos. Yo quería seguir leyendo mas cuentos y me dejó tu libro. Voy a leer también Oficios, pero Marta se lo ha dejado a una compañera mía de clase y después me lo pasa. Bueno, sólo quería decirte eso, que tus relatos son muy chulos y que creo que me los voy a comprar. Es que con los libros me pasa como con los discos, que primero ojeo y después compro si me gusta :)) Nosotros tenemos una lista de lecturas opcionales que suben nota y que son cuentos y nos ha leido un cuento de cada libro para que nos hiciéramos una idea. Bueno, pues nada, que escribes genial. Te dejo porque estoy con catarro en casa y me duele la cabeza. Hasta otra."

Muchas gracias a las dos, a María por sus impresiones, que me han alegrado el día, y a Marta por hacerlas posibles con su lectura en clase de mis cuentos. Un abrazo, chicas.

P. S.: María, de Oficios no me quedan ejemplares, pero me gustaría regalarte uno de Norteamérica profunda dedicado. Envíame, si eres tan amable, tu dirección postal a este correo para que te lo pueda hacer llegar: jkmarkez@yahoo.es

24 de septiembre de 2008

PARA NOMBRAR LAS COSAS

Mi pequeño no usa palabras para nombrar las cosas. Da un gruñido, como hacíamos antes, hace millones de años, cuando el Gran Oso Negro quería compartir con nosotros la cueva y la comida o un explorador avistaba un huevo radiante de Pterosaurio en el lecho de ramas y hojas del bosque. No dice mi pequeño quiero esto o aquello. Lo señala. Llora sin desmayo lágrimas de arancel hasta que se lo acerco. Porque mi pequeño aún no sabe que los muertos no vuelven. No sabe qué es saber. Qué es un muerto. Qué es volver.

HIPÓLITO G. NAVARRO LE DEDICA UN CUENTO A TRES ROSAS AMARILLAS

9 de septiembre de 2008

"NORTEAMÉRICA PROFUNDA", FINALISTA DEL V PREMIO SETENIL AL MEJOR LIBRO DE RELATOS PUBLICADO EN ESPAÑA

Pues eso, que me han dado un alegrón, porque además me acompaña mi Patro (Patricia Esteban Erlés):

Finalistas del V Premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en España

La Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Molina de Segura comunica que una vez reunida la Comisión de Preselección, integrada por María Ortuño Muñoz (catedrática de literatura) y Pascual García García (escritor, crítico literario y profesor de literatura), los 10 finalistas de entre los 52 libros presentados han resultado ser los siguientes (Título, Autor, Editorial):

“Mil cretinos”, Quim Monzó, Anagrama.
“La marca de Creta”, Óscar Esquivias, Ediciones del Viento.
“Voces de humo”, Pablo Andrés Escapa, Páginas de Espuma.
“El rombo de Michaelis”, Fernando Royuela, Alfaguara.
“Temporada de huracanes”, Gonzalo Calcedo Juanes, Menoscuarto.
“Vida de perro”, Juan José Flores, Menoscuarto.
“Besos de fogueo”, Montero Glez, El Cobre.
“Manderley en venta”, Patricia Esteban Erlés, Tropo Editores.
“Norteamérica profunda”, Juan Carlos Márquez, Diputación de Badajoz.
“Miedo me da”, José Antonio Francés, Algaida.

2 de septiembre de 2008

"NORTEAMÉRICA PROFUNDA", EN LITERATURA EN BREVE, DE RNE

Será mañana miércoles a las 17.15 h en RNE Radio 5 (en el 90.3 de Madrid, para otros lugares consultar la red de emisoras), de la mano del escritor Juan Jacinto Muñoz Rengel en Literatura en breve.

JOHN GRISHAM LO TIENE MUY CLARO EN EL PAÍS SEMANAL

"La alta literatura exige dedicar mucho tiempo a indagar en las profundidades del espíritu humano, sondeando el carácter de la gente, prestando atención a las relaciones humanas. El argumento no es tan importante. Sí es importante conseguir transmitir un sentimiento del espacio local, del entorno, del paisaje. Yo sé que lo que yo hago no es literatura. Para mí, el elemento esencial de la ficción es el argumento. Mi objetivo es conseguir que el lector se sienta impelido a pasar las páginas a toda velocidad. Si quiero lograr eso, no me puedo permitir el lujo de distraerlo. Tengo que mantenerlo en vilo, y la única manera de hacerlo es utilizando las armas del suspense. No hay más. Si me pongo a intentar entender las complejidades del alma humana, los defectos de carácter de la gente y cosas de ese tipo, el lector se distrae, y eso es un lujo que no me puedo permitir. Por supuesto que he leído literatura en el sentido clásico. Todos tenemos esa clase de libros en la biblioteca de casa. Me obligaron a leerlos en la escuela, y le confieso que no me gustaron demasiado. No entendía por qué decían que eran tan buenos."

19 de agosto de 2008

CUENTOS DEL JÍBARO, DE JUAN GRACIA ARMENDÁRIZ

Reaparezco un momento para recomendaros este libro de microrrelatos del escritor navarro Juan Gracia Armendáriz, editado por Demipage. Por lo general, los libros de relatos breves suelen ser irregulares, pero esto no ocurre en este caso. De hecho, tras terminar la lectura, me he encontrado con que había marcado como excelentes un buen número de relatos, amén de algunas joyas: rito, diario de papá, las mil y unas noches, heridas, guía de extraviados, zoología y tata. Os lo recomiendo sin reservas. Podréis encontrar más información sobre Juan Gracia en la página de Castalia, que ha publicado su novela La línea Plimsoll, último Premio Tiflos de Novela, que está entre mis lecturas pendientes.


24 de julio de 2008

"NORTEAMÉRICA PROFUNDA", EN EL TACTO DE UN BILLETE FALSO, DE PEPE CERVERA

Una vez editado, Norteamérica Profunda ha dejado por fin de ser mío. Pepe Cervera hace en su bitácora una lectura muy inteligente que os recomiendo, pues entre otros asuntos ha dado con una de las claves del libro: se trata de un homenaje a los escritores norteamericanos, pero más geográfico y temático que estilístico, pues los relatos quedan lejos del minimalismo de algunos de los autores que yo cité como referencias. Gracias por tu lectura, Pepe.