Autor/es:Javier Sagarna
Título:Mudanzas
Editorial:Gens, Colección Guermantes
Páginas:173
Año:2006
Como Javier Sagarna es amigo, mejor os copio lo que dicen sobre su novela en Notodo.com. Os adelanto, de todas formas, que el sello Gens, y en concreto su colección Guermantes, está especialmente comprometido con la literatura de calidad, aquella que cada vez cuesta más encontrar y que ya casi ni se practica. Así que yo que vosotros la seguiría muy de cerca, igual que a Javier Sagarna.
Juventud, ¿divino tesoro? A Ari, un joven de veintipocos, le acaba de dejar su chica, Elsa. Siente morirse o, lo que es lo mismo, quiere morir. Así comienza la primera novela de Javier Sagarna, que ya cuenta con una larga trayectoria como escritor de relatos y como profesor de la Escuela de Escritores de Madrid. Mudanzas supone una vuelta a aquellos “maravillosos” años. Un viaje por nuestra memoria a través de la historia de este personaje, narrador del libro también. Aunque sus vivencias no correspondan exactamente con las nuestras, lo que hay dentro de él sí. Ésta no es sólo una novela de desamor, sino una metáfora de ese tiempo maldito llamado adolescencia. La relación con los amigos, los temores, la familia, la cafetería de la facultad, la sensación de incomprensión, las juergas, los excesos, etc. son los hilos que van tejiendo la trama. Mudanzas es la crónica de una huida, de las experiencias límite de un adolescente. Una vespa de desguace y sobre ella dos jóvenes, Ari y el Moby, transportando una mochila llena de cocaína. Pero Mudanzas también es la imagen de esa época de cambios producidos a gran velocidad. Personajes reales, tipos, que todos hemos conocido en algún bar de ciudades como Madrid, en la universidad, en algún botellón. Padres, los mismos, desbordados por la incomunicación con los hijos. Chicas guapas y fáciles. Amores imposibles. Amigos fieles. Capullos. Todo el variopinto mundo de un solo escenario, la adolescencia. El libro, escrito con prosa ágil y fácil, literalmente se devora. El lenguaje: mordaz, sin concesiones. Una novela en fin, apasionante por sus hechos, breves e intensos, como la adolescencia misma.
31 de enero de 2007
22 de enero de 2007
La poetisa, XXV premio de novela "Felipe Trigo"
La poetisa, de Jesús Tíscar Jandra, forero y bloguero como un servidor, es el título del vigésimo quinto premio de novela "Felipe Trigo". Os dejo con algunas impresiones del filólogo y escritor Joaquín Fabrellas sobre la obra:
[...] Una muestra de excelente literatura, sucinta y antibella, contradictoria e irreverente, una visión salvaje del mundo de la literatura y sus infiernos; sin duda, una novela diferente y difícil, arriesgada en sus propuestas pero que cristaliza de forma magistral en estas páginas, lejos de la afectación o el vacío actual de lo literario [...].
Más información en el blog del autor:
16 de enero de 2007
Sobre el arte de escribir cuentos, por Roberto Bolaño

Como ya tengo 44 años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos:
1. Nunca abordes los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.
2. Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.
3. Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.
4. Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.
5. Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.
6. Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.
7. Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel. Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!
8. Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.
9. La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.
10. Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.
11. Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.
12. Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.
14 de diciembre de 2006
Cuando la realidad supera a la ficción o viceversa (o de cómo la vergüenza cayó sobre un colega islandés)
Carta desde Reikiavik
Einar Örn Gunnarsson
Tradución de Kristinn R. Ólafsson
Einar Örn Gunnarsson
Tradución de Kristinn R. Ólafsson
[...] En 1986, mis padres pasaron el invierno en París, por lo que tuve su casa a mi entera disposición. En aquel entonces estudiaba derecho en la Universidad de Islandia. Mi primer relato corto se publicó en marzo y, con ocasión de tal evento, decidí celebrar una gran fiesta de lanzamiento. Por alguna extraña coincidencia, encontré un arbolito de Navidad mientras buscaba candelabros en el trastero, y tuve una idea. Resolví celebrar la Navidad. Mis amigos enseguida se apuntaron y adornamos el arbolito, pusimos villancicos en el tocadiscos y colgamos una estrella de cartón en la ventana. El aroma del asado navideño inundaba la casa y el vino fluía. Algunos niños de la vecindad, atraídos por el ruido, llamaron al timbre, preguntando qué pasaba. Les invité a pasar, les leí unas cuantas páginas del relato y les regalé algunos ejemplares. La historia estaba escrita en un tono socarrón y trataba sobre un joven que se dedicaba, mayormente, a maltratar a su madre. Una vez los padres de los niños tuvieron los libros en sus manos, estalló una ola de indignación; recibí una llamada amenazadora de parte de una de las madres, y luego me enteré de que algunas amas de casa de mi calle que conocían a mis padres se habían reunido para discutir qué hacer conmigo. Y no mejoró la cosa cuando acordé con un chico repartidor de periódicos que me vendiera el relato por el barrio. Era bajito, pelirrojo, de piel muy blanca y ojos azules, la viva imagen de la inocencia. Hace falta un corazón muy gélido para negarse a comprar a un chavalito un relato titulado: Carta a mamá.
El relato provocó fuertes reacciones, que me divirtieron al principio, pero al correr el tiempo, mi vida quedó impregnada de rumores. Muchos de los lectores no lograron distinguir entre el autor de la obra y la obra en sí. Los lectores islandeses están muy pegados a la tierra, por lo diminuto de la sociedad. Los habitantes de Reikiavik son unos cien mil y pico, y la nación islandesa entera no llega a los trescientos mil. Y entre los islandeses hay una tendencia muy arraigada de ligar la novela directamente con la realidad. En cuanto en una novela islandesa sucede algo que no se ajusta a la verdad, su poder de persuasión adolece. Ésa es la razón principal por la que los autores islandeses de novelas policíacas lo tienen crudo. Un homicidio en Islandia es un notición que todo el mundo recuerda. Si, por ejemplo, alguien es asesinado en una novela que tiene lugar en Reikiavik, el autor instantáneamente ha despojado la obra de su poder de convicción, saliéndose de lo verosímil.
Aunque la mayoría de los islandeses no se dejen engañar por los escritores, los hay que creen que todo lo que se publica en un libro es la pura verdad. Tuvo el Premio Nobel, Halldór Laxness, oportunidad de experimentar tal extremo en 1948, con ocasión de la publicación de su novela La base atómica. La obra cuenta la historia de la joven campesina, Ugla, que entra como sirvienta al servicio de una familia de clase alta de Reikiavik. La hija de la familia queda embarazada y se somete a un aborto. Poco tiempo después de la publicación de la novela, el autor fue llevado a un interrogatorio por parte de las autoridades policiales que exigieron saber dónde y cuándo se había practicado el aborto. [...]
4 de diciembre de 2006
Sobre la pugna entre el cuento y la novela
Enlazo, para vuestra consideración, este artículo de Iban Zaldua que me pareció interesante en su momento y me lo sigue pareciendo.
http://www.lenguadetrapo.com/opinion-1-zaldua.html
http://www.lenguadetrapo.com/opinion-1-zaldua.html
8 de septiembre de 2006
Miguel Angel Muñoz entrevista a Ignacio Ferrando
Hacía mucho tiempo que no leía una entrevista tan centrada en el mundo interior del escritor, en la arquitectura de la creación y en los resortes que desencadenan el proceso de escritura (la búsqueda de la inspiración; porque la inspiración no viene, hay que salir a buscarla cada día). Cada pregunta y cada respuesta está planteada y contestada tras una obligada reflexión, con hondura y rigor, en las antípodas de las superficialidades habituales.
Para leerla, pulsa sobre el título de este post.
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27 de agosto de 2006
Acto de entrega del premio González-Castell
Este fin de semana estuve en Montijo (Badajoz) recibiendo el premio Rafael González-Castell, y no quiero dejar pasar la oportunidad de agradecer en este blog el espléndido trato recibido, que me ha hecho sentirme muy cómodo en todo momento. El próximo año, por estas fechas Dios mediante, volveré a Montijo para presentar el libro de relatos premiado, Norteamérica profunda.Más información sobre el acto pulsando sobre el vínculo del título del post.
28 de junio de 2006
Núm. 2 de Narrativas
- Hola a todos, este es el menú del segundo número de Narrativas:
● Ensayos:
Análisis semiótico de "El árbol" de María Luisa Bombal, por Magda Díaz y Morales
Amor a vuelta de correo, por Dulce María González
La Trenza de Sor Juana: tributo al segundo oficio más antiguo del mundo, por Eve Gil
Dentro del hipertexto: analogías topológicas en narrativa, por Sofía González Calvo
● Relatos:
Como cada mañana..., por Lorenzo Silva
El tiempo obsceno, por Rolando Gabrielli
Quiromancia, por Iván Humanes
Media distancia, por Luis Tamargo
El gesto de alguien que está en otra parte, por Cristina Rivera Garza
Teníamos los ojos tan bellos, por Sergio Llorens
Horacio Kustos y el editor que oyó, por Alberto Chimal
La mano que me toca en la noche, por Rosa Silverio
¿En qué piensas?, por Edilberto Aldán
Kayla, por Agustín Fest Salazar
Celebración de don Alonso Quijano, por Rogelio Guedea
Moscas, por Juan Carlos Márquez
Dar posada al peregrino, por Fernando Arrojo
Los felices años cuarenta, por Antonio Tausiet
El huérfano, por Carlos Castán
● Narradores: Carlos Castán
● Novedades editoriales
● Reseñas
● Noticias
12 de mayo de 2006
"La pecera" Finalista I Certamen Microrrelatos de Verano Satiria
Me pasé aquel verano de fiesta en fiesta, de trago en trago, persiguiendo chicas de esas que amanecen en la playa con los pechos salpicados de semen y arena y una polla flácida entre las manos. Sufría unas resacas tan espantosas como pasajeras. Cerraba los ojos y veía rostros inquietantes de desconocidos acercarse a mí. Se acercaban poco a poco, hombres y mujeres, de cualquier edad, con una sonrisa sardónica entre los labios. A veces se acercaban tanto que dejaba de verlos. Mi mente acabó por proyectarse por toda la casa. Las pelusas flotaban a sus anchas sobre el parqué y las bolsas de basura se acumulaban bajo el fregadero. Desde que se fueron mis padres -hacía ya más de dos semanas- no había fregado un solo plato. Los apilaba en la bañera, en remojo, con un buen churrete de gel, a la espera de mejor ocasión. Flotaban en el agua tibia a la deriva, como colchonetas en una piscina. Una mañana, al despertar, me llegó desde el baño un olor nauseabundo y decidí terminar con aquello. Apenas quedaba un dedo de margen para que el agua comenzara a rebosar por los bordes. Me arrodillé, metí una mano en el agua y quité el tapón, pero el nivel del agua no descendía. Supuse que el desagüe había atraído como un imán todos los restos blandos y viscosos de comida. Tomé un puñado y saqué la mano llena de gusanos, gusanos pequeños y plateados que brillaban como peces de colores.
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