23 de junio de 2010

IDO

Los Ángeles (California), una mañana cualquiera de domingo de 1958. B, el poeta underground más célebre del momento, aporrea con furia la puerta del apartamento de su editor, a quien llamaremos W. Afuera chispea y las hojas se desprenden de las ramas como costras.

—Abre, cabrón, soy yo —grita B—, el poeta que huele a vómitos y orines.
La puerta tarda unos tres o cuatro minutos en abrirse, pero finalmente W asoma tambaleándose tras ella. Tiene cara de haber pasado una mala noche, acaso una noche demasiado buena. Va en calzoncillos. Descalzo. El aliento le hiede como una plasta de perro.
— ¿Qué demonios quieres? —pregunta— Por mí puedes irte por donde has venido.
—Me largo de la ciudad —anuncia B—. Sólo quería que lo supieras. Durante algún tiempo no pienso escribir una puta palabra. Nada de ediciones. Ni de libros. Nada de veladas literarias.
—Es tu vida —dice W— puedes hacer con ella lo que quieras. Tírala por el váter si eso te hace feliz. ¿Adónde irás? ¿Qué coño piensas hacer? Sólo sabes escribir… y ni siquiera eso lo haces medianamente bien.
—Cruzaré de Este a Oeste el maldito país. Pelearé. Aún tengo buenos puños. Siempre habrá alguien que quiera medirse conmigo en un callejón.
—Estás completamente ido. Si no fueras el mejor poeta vivo te escupiría a la cara.
—Estás en tu derecho —dice B. Luego tiende una mano al frente y W la estrecha con fuerza.

Transcurridos unos meses, cinco o seis, B decide regresar a Los Ángeles. Una vez en Los Ángeles se deja caer por el apartamento de W. Abren un par de cervezas. Se encienden el uno al otro un cigarrillo. W pregunta a B cómo le fue.

—No estuvo mal —contesta—, pero si quieres saber si gané, la respuesta es no. No lo hice ni una sola vez.

8 comentarios:

LA CASA ENCENDIDA dijo...

¡Cuántos "Idos" vamos y venimos por este loco mundo!
Bonito relato sí señor.
Besicos muchos.

Enrique Páez dijo...

Será que nunca se puede huir de uno mismo. Al final no queda más remedio que regresar y hacer el viaje interior, garganta a dentro.

Anónimo dijo...

Sí, pero tuvo que irse para volver. A veces no hay otro remedio.

Así de sencillo y de complejo, me gustço JC.

R.A.

Jesús Garrido dijo...

Hola, he llegado aquí por accidente, perdona, pero es que se había parado un mosquito en la pantalla de mi móvil mientras hablaba, echaré un vistazo al blog ya que estoy aquí, [el mosquito ha muerto, lo he chafado]

Ernesto Calabuig dijo...

Directo y con pegada y no sólo en un callejón perdido. Llamando a las cosas por su nombre como a ti te gusta hacer. Porque, por lo poco que te he conocido, no pareces estar para perder el tiempo o para que te lo hagan perder con bonitas convenciones o disimulos. Cuánto tiempo parece transcurrir entre la despedida y el regreso del protagonista a pesar de la brevedad del relato. Enhorabuena otra vez, Juan Carlos.

elena dijo...

No hay que dejar de pelear, aunque no se gane ni una sola vez. Igualito que con la escritura.
¡Me ha encantado!

Juan Carlos Márquez dijo...

Gracias a todos por vuestros comentarios. Escribí este relato con Bukowski en la cabeza, que siempre me ha interesado mucho como artista y como hombre.

Banderines del Zaguán dijo...

¿Sí? Vaya, pues yo al leerlo pensaba más en Ginsberg, que como poeta me resulta más interesante que Bukowski, aunque sean del mismo estilo.
Pero claro, le habrías llamado G en vez de B...
Buen relato!
Un saludo.