4 de marzo de 2009

GALERÍA DE IDIOTAS E IMPERFECTOS

La fe ciega, de Gustavo Nielsen


Editorial: Editorial Páginas de Espuma
Colección Voces, volumen 109
ISBN: 978-84-8393-023-6

PVP: 13,46 euros / 14,00 con IVA


La fe ciega, última colección de relatos del argentino Gustavo Nielsen, se lee con el placer de quien acude a tomar un café (o un mate) con un viejo amigo del que hace tiempo que no tiene noticias, un tipo interesante, vehemente, con ideas propias sobre el mundo y los ridículos seres que lo poblamos, un tipo en el polo opuesto a la corrección política literaria (si es que la corrección política puede ser literaria), un poco huraño, seco, directo, pero inteligente y reflexivo, quien incluso en la mayor de las desolaciones deja un resquicio a la esperanza.

Somos idiotas e imperfectos, viene a decirnos Nielsen, pero no todo está perdido, aún podríamos serlo más. Todavía, en el fondo de un pozo, nos queda un atisbo de dignidad. La dignidad del padre que instruye a su hijo en sus convicciones, con un amor verdadero, ese padre que, para que su hijo no se disperse en sueños inútiles, reduce el universo a categorías: café, alfanjores, tablas de multiplicar y lecciones de inglés en casete. Es este relato, El café de los micros (qué hijoputas son los prejuicios: cuando leí el título pensé en un grupo de vejestorios que se reúne en una cafetería para escribir microrrelatos latosos), una road movie de iniciación, de aprendizaje para el hijo pero también para el padre, pues ambos tendrán que pagar, el uno por aprender y el otro por enseñar, un peaje doloroso. El café de los micros constituye una metáfora sobre la épica de aguantar sin humillar la cabeza toda la mierda que la vida nos va echando encima, sobre la épica de tomar lo bueno (el café y los alfanjores) y soportar lo malo con estoicismo (las tablas, el inglés y los pelotudos). Es, en definitiva, un relato vitalista en su pesimismo existencial, con unos diálogos ágiles, electrizantes en su monotonía de carretera, con regusto a verdaderos.

A El café de los micros le acompañan seis relatos, escritos todos con oficio y técnica considerables, que agradarán sin duda a los amantes del género, unos cuentos más que otros, como es normal. Particularmente, me reconforta la mala baba que Nielsen se gasta en dos cuentos con ambiente poético de fondo: La vida cantada y Aniquilación de un poema. En el primero, mediante unos diálogos de excelsa naturalidad, Nielsen nos presenta tres prototipos de poeta (a lo mejor son todos los que existen) : el mariquita juez y parte, la novata aparvada y la vieja gloria que vive anclada en un paisaje irreal, impostado, hinchado, que está a punto de explotar (si no lo ha hecho ya) en la nada más absoluta: el vacío poético. En Aniquilación de un poema, donde el escritor presta su nombre de pila a un poeta nefasto y solicita, con sentido del humor, que hagan arder uno de sus libros (de los de Nielsen), el mensaje parece meridiano, al menos yo, como cuentista, creo haber captado el mensaje poco subliminal: poco importa si los cuentos que escribes son cojonudos, al final, las tías buenas y cachondas, las que follan y la chupan en los horarios y lugares que nos gustan a los hombres, siempre acabarán prefiriendo a los poetas malos. Es decir, los cuentistas estamos jodidos, pero no literalmente.

Redención, un relato que aborda la decadencia, el abandono, la morbidez en un paraíso tan idílico como artificial, es también un texto notable. De él me quedo sobre todo con ese final a lo Blade Runner, con palomas y todo, pero al revés. A Adiós Bob y Turf no se les puede reprochar nada, así que si no me han interesado tanto como los otros ello habrá de deberse a una mera cuestión de gusto personal.

El relato restante es La fe ciega, una redundancia como asume el autor con sabiduría, para mí el mejor relato del libro junto con El café de los micros. La única salvedad, por ponerme tiquismiquis, que le veo es que precisa de un grado elevado de pacto entre el escritor y el lector, pues la vertiente onírica del cuento hace necesario un manejo muy intencionado y progresivo, muy técnico, de la ficción de los sueños, lo que transparenta un poco las costuras del texto. Aun así, tal es el grado de desamparo y de descrédito de los personajes, que me parece un relato excelente, llevado al límite.

Poco más puedo añadir. Sólo que lean a Nielsen, que se acerquen a la barra y se tomen un café (o un mate) con él, como hace uno con esos viejos amigos a los que hace mucho que no ve.

4 comentarios:

Gus Nielsen dijo...

Igual, las chichis a los puetas se les vuelan, porque son incapaces de asirlas. Las que nos tocan a los cuentistas chupan mucho más que una noche, y mejor. Abrazo.

Juan Carlos Márquez dijo...

Va a ser eso, Gustavo, va a ser eso. Felicidades por tu libro.

Juan Casamayor dijo...

Querido,

gracias por el interés que has mostrado por el libro. A ver cuándo nos tomamos ese café...

Un fuerte abrazo,

Juan

dany dijo...

Me sumo a la enhorabuena por el libro.
A falta de leer Turf y el café de los Micros; ya puedo decir que el estilo de Gustavo me gusta y que sus cuentos te hacen disfrutar.
Saludos